Siempre digo que el yoga estaba en mí de forma intuitiva, como si se me fuera revelando a pinceladas. Tal vez por esa presencia subterránea, su estudio más profundo se fue postergando hasta que un día se impuso en medio del caos.
En ese momento sentí que había encontrado mi dharma. Y de pronto, muchas piezas empezaron a encajar, incluso aquellas que siempre estuvieron ahí, sin que lo hubiera advertido.
Y aunque al principio no lo comprendí, lo que revelaba mi carta natal empezó a cobrar sentido: Cáncer para sentir y contener, Tauro para habitar el cuerpo, Géminis para enseñar y comunicar, Sagitario y Aries para abrir camino y transmitirlo. Cuando integré todo, mi misión se me reveló con claridad.
Así fue como la práctica se volvió un camino de presencia, de escucha, de confianza en el propio cuerpo y su sabiduría. Y también de soltar, con amor, el reinado absoluto de la mente.
Hoy acompaño prácticas donde lo más importante no es la forma, sino la confianza que se despierta cuando se enciende esa llama interna que nos devuelve la seguridad en nuestro propio camino.
Porque soy, fundamentalmente, una practicante que comparte lo que vive: con días luminosos y días más opacos, en la realidad del presente, entre el amor, la maternidad, el trabajo y la vida misma.
Me acuerdo de mis primeros pasos, de ese copiar sin entender, de hacer sin integrar, de sentir que algo faltaba, pero no identificar con claridad qué era.
De esa incomodidad nació lo que construí: clases que no se dirigen a expertos ni a quienes pueden dedicarle la vida entera al yoga. Son prácticas que avanzan sin abrumar, que no sobreexigen pero tampoco se hacen en piloto automático, que estimulan la curiosidad sobre el cuerpo y sobre uno mismo.
Son propuestas pensadas para personas con trabajo, familia, vida social y múltiples obligaciones, que necesitan algo profundo pero accesible, que las desafíe y puedan sostener en el tiempo. No un hobby más, sino un hábito que entre en tu vida, se quede y, con el tiempo, se vuelva tuyo de verdad.
¿Es lo que estas buscando?
Me apasiona la comunicación, la estudié en la universidad y trabajo en esa área desde muy joven. Soy entusiasta e inquieta por naturaleza y tengo la costumbre de integrar todo lo que me enciende en un mismo camino. Cuando el yoga entró en mi vida con fuerza, los dos caminos encontraron un punto de encuentro.
Me formé en Hatha Yoga de derivación Sivananda en la Fundación Hastinapura y a mi egreso sumé talleres, especializaciones y formaciones, incluso yoga para niños, en la convicción de que el camino que elegí nunca deja de transitarse ni de compartirse.
Practico otras pedagogías, mientras preparo el examen de certificación del gobierno de La India, uno de los avales más rigurosos dentro de la tradición del Yoga.
Llevo cinco años guiando prácticas presenciales de forma ininterrumpida y, al mismo tiempo, continúo tomando clases con otros profes como alumna, para profundizar más en mi práctica y mejorar también la experiencia de mis alumnos.
El yoga ocupa cada día más espacio en mi vida. Esta membresía nació de eso: de la necesidad de querer impactar la vida de más personas sin desatender mi práctica, la de mis alumnos, ni mi familia.
Una membresía con programación semana a semana, pensada para que la práctica entre en tu vida y se quede.